De vez en cuando, creo que hay echar un vistazo a través de la ventana y reflexionar sobre como estamos con nosotros mismos. Quizás a muchos no sucede, que despertamos y luego vivimos para los demás.
Puede empezar desde lo que queremos hacer en nuestro día libre y hasta de la limitación de pensamiento u opciones que debemos reservarnos cuando estamos con alguien quien no es del todo abierto a que los demás tengan una opinión distinta a la de ellos.
Seria absurdo una apuesta sobre lo que hacemos con tal no tener algún conflicto con un ser cercano, familiar u amigo, solo por sus costumbres o su forma de pensar. Pero claro, como siempre, o la mayoría de las ocasiones, son ellos quienes suelen lanzar una lluvia de palabras y comentarios arrechos en contra de nuestras maneras de pensar.
El respeto podría ser una razón, por la cual callamos mas que ellos. Y es que, a mi parecer, la familia y en veces los amigos, que son quienes en más confiamos, son quienes nos vuelven así; inseguros.
¿Por qué hay que dejar ahí lo que pensamos?
Claro, uno puede tener la cordura suficiente para saber que decir. Y cuando.
Yo, puedo no estar de acuerdo en la forma de vivir, de actuar o de pensar de algún ser cercano. Pero se queda ahí dentro. Porque no debe importarme. Porque no es mi asunto. Porque no es mi vida.
Y es así como pido que me dejen vivir. No hay por qué no permitírmelo.
He tenido la fortuna de encontrar quienes me dejan ser, y me dejan liberar mis pensamientos.
Para ese lograrlo tuve que alejarme de muchas personas. Vivía en una ciudad, pequeña, pero me mude a un puerto cerca (a 3 horas). Donde hay una playa maravillosa y conocí a esas personas que eran las adecuadas en ese momento en mi vida.
Admiro a esas personas que pueden ser ellas mismas en cualquier lado y que no tienen versiones de si mismo en sus diferentes círculos de amistad.
Espero ser así. Creo que voy por ese camino.

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