Etiqueta: relatos

  • ¿Por qué no muero ahora mismo?

    ¿Por qué la luna no decide caer sobre mí en este momento?

    No lo sé.

    Ya dejen de opinar sobre mi vida. ¿Creen acaso que no se qué hacer con ella? Pues no lo sé. Pero es mía.

    No creo que venimos a agradarle y darle gusto a las personas. Ni a la familia tampoco.

    Simplemente dejen que viva cómo a mí me gusta.

    Hay días que quiero beber hasta no saber nada. Hay otros en los que decidido no beber en mucho tiempo.

    Déjeme que en un día me devore un libro. Dejen que otro lo termine en mucho tiempo.

    Déjenme ir a la playa y salir con un color que no es mío. Así quiero estar. Moreno o más moreno. No me importa.

    Quiero dormir las horas que yo quiero. No las que ustedes quieren.

    Déjenme comer todo lo que me gusta. Dejen que cuide mi cuerpo y mi alimentación cuándo me apetece.

    Dejen que camine los kilómetros que quiero. Sean muchos o sean pocos.

    Dejen que tenga pareja o que no tenga. A eso último; eso lo puedo decir yo. ¿No?

    Morir no. Porque no quiero morir todavía.

    Quiero estar muy feliz en ocasiones. Quiero odiar al mundo en otras.

    ¿Pueden también dejarme resolver mis problemas?

    Me siento prisionero en mi propia cabeza.

  • Que injusto

    La violencia hacia las mujeres, en mi país, últimamente va en aumento. Es asombroso. Y es frustrante no poder hacer nada por esas mujeres desaparecidas y asesinadas.

    Yo, como hombre siento una incomodidad tan grande al pasar cerca de una mujer, más si es de noche y no hay mucha gente, que piense que puedo hacerle algún mal.

    Que injusto que una mujer no pueda ir libre por la calle

    Que injusto que no puedan vestir como quieren sin ser juzgadas.

    Hace poco en mi hermoso, pero cruel paísz desapareció una niña de siete años. Se encontró sin vida luego de dos días. Fue violada. Apuñalada. Torturada. Y finalmente, apedreada hasta morir.

    Era solo una niña inocente de siente años. Y fue robada por una mujer. Se que como este hay muchos casos, pero me resulta increíble que alguien sea capaz de semejante crueldad. Ninguna mujer, de ninguna edad merece que les quiten la vida solo por que sí. Sus familiares no merecen sufrir así.

    Nadie merecemos estar inseguros.

    Por otro lado, si eres mujer y caes por aquí sin querer. No te dejes de nadie. La violencia también está en casa. En los mismos padres, en las parejas, en los maestros. Acude a alguien. Busca ayuda.

    También me causa una impresión bastante grande, ver que en mi ciudad desaparecen una o dos mujeres al día, para después encontrar sus cuerpos.

    Esperamos que pronto la sociedad mejore.

  • Él ‘Yaqui’ se fue.

    Por este medio me gustaría expresar libremente el impacto y el sentir, del fallecimiento de él Yaqui, un tío mío que hace unos días atrás murió y que espero se encuentre descansando porque realmente se lo merece.

    Un hombre de 60 años. Un chaleco naranja que lo acompañó en sus últimos días de vida(de esos que usan trabajadores o tránsito). Y un silbato al que soplaba y todos sabían que él estaba cerca.

    Una niñez y adolescencia que quizás fueron algo oscuro en su vida. Pero una alegría y un ejemplo de ser humano en su adultez.

    Siempre con buen humor. Recuperado de su adicción al alcohol y ayudando a los demás a dejar ese vicio que a él lo llevó a deteriorarse por muchos años, pero que finalmente tuvo el valor y la fuerza para, parar y cambiar sus hábitos.

    No tenía un trabajo estable con un sueldo estable. Trabajaba para la gente que vivía cerca de él. Vecinos y amigos que siempre le dieron trabajo y de esa forma lo ayudaron.

    Nunca se le vio una mala cara. Una mal gesto. Una mueca. Nada. Siempre estaba sonriendo.

    Te preguntaba si tenías dinero. Si tu respuesta era ‘no’ te daba lo que tuviera en su bolsillo.

    Era el defensor de su hermana.

    Era el alma del lugar. Del vecindario.

    Claro, con su chaleco naranja siempre.

    Contaba chistes.

    Unos pocos minutos con él, hacían que se te olvidara todo lo malo que hay.

    Era esa persona que todos necesitamos.

    Fui afortunado de conocerlo.

    Siempre inventaba chistes. Todos graciosos.

    Bailaba.

    A todos sus sobrinos, nos enseñó a contar de pequeños hasta el número 10. Pero de una manera muy peculiar, y divertida. Con una voz rara que el hacía.

    Pero un día, le dió un infarto cerebral. Entonces él Yaqui, quedó en coma. Despertó pronto. Pero se había ido a otra parte. Ya no era él. Su voz se apagó. Su cuerpo no podía moverse. Y sólo sus ojos podía abrir. Pero eran unos ojos que se llenaron de tristeza, miedo, angustia.

    No podía hablar. Casi dos meses después, falleció.

    Una muerte que de alguna manera todos sabíamos que iba a suceder. Pero nos dimos cuenta, o al menos yo, que esta a aferrado a un ligero hilo, una cosa delgada llena de esperanza.

    Pensába que iba recuperarse. A volver a ser el mismo. Pero no fue así.

    Yo no creo en el paraíso. Ni en el cielo, en las religiones. Pero una parte mía esperan que, sea lo que sea que hay después de morir, sea bueno para él Yaqui.

    Un hombre bueno que no merecía sufrir.

    Estas cosas me hacen pensar que el karma no existe. Y que este caso, me hizo cuestionarme aún más, sobre lo que es la muerte.

  • El Día De Muertos

    Aquí en mi país, México, ‘El Día de Muertos’ es una tradición mexicana que se celebra desde muchos años atrás.

    A mi parecer, cada vez, más personas van conociendo está tradición y cultura que tenemos en nuestro país.

    Es una bonita manera de recordar a nuestros seres queridos que ya no están a nuestro lado. Por eso, por primera vez este año decidí hacer un ‘Altar de Muertos’

    En el cuál se colocan ofrendas que le gustaban a los difuntos.

    Hacerlo me llenó de tantos recuerdos. Cosas que no tenía tan presente. Cosas que quizás tenía años de no recordar.

    Lloré, me reí. De alguna forma mientras preparaba el altar, «platicaba» con ellos. Y se sentía que estaban ahí. Se creó una atmósfera y ambiente muy extraño pero acojedor.

    Algunos de ellos partieron hace mucho y otros hace muy poco. Entonces creo que esta celebración a la muerte es algo muy bonito. Una creencia y una tradición muy poderosa

    Yo no soy creyente de religiones

    Pero, creo que todos nosotros o la mayoría de nosotros, guardamos un sentimiento de esperanza, que creemos o queremos volver a estar aunque sea por un momento con ese ser que perdimos. Entonces, el 2 de noviembre, los difuntos van a donde está el altar. Ahí hay algo de mágica o como quieran llamarlo, y no lo digo por sus fotos, las ofrendas, pero realmente se siente algo de ellos. Como si estuviesen ahí.

  • Huye

    -Huye

    Me dice alguien que aparece de la nada y me sujeta de los hombros. Miro alrededor y todo está vacío.

    No hay personas, ni autos. Todo es desértico. Yo tengo que huir, escapar, pero estoy lejos de casa. No hay tampoco taxis ni autobuses. Se siente el peligro. No hay un ningún sonido. Hay mucho viento pero no emite sonido alguno.

    Camino más y más. No se si estoy huyendo o no. A lo lejos veo un autobús que se detiene, me subo.

    Él conductor, con su cara de angustia me apresura a subir.

    Había tres pasajeros más con rostros perplejos, con ojos apagados y con la mirada perdida.

    Por el trayecto, se pueden ver lugares en llamas. Ahora si hay personas, corriendo desesperadas. También hay coches cubiertos de fuego y explotando. Pero todo sin sonido.

    Se sentía tan real. El ambiente, la sensación, los colores, el miedo.

    Tenía que huir.

    Llego a casa y me encuentro preparando una maleta. Espero a mi madre y a mi hermano, que no se a dónde se habrán ido, pero al final llegan.

    Alguien viene por nosotros, mis abuelos, para huir en su coche.

    Vamos por carretera. Voy observando el cielo, luce rojo y no hay sonido aún. Mi abuelo para en seco, nos detemos. Volteo a ver a todos y tienen su rostro quebrado, la mirada fija en algo que los dejó así, intento mirar que es lo que ven, y despierto.

  • Como cliente y como trabajador.

    Me gustaría hablar de éste tema, de atención al cliente y cliente.

    He tenido varios trabajos, todos enfocados a que la experiencia del cliente sea maravillosa. Claro todos los negocios quieren que el cliente regrese y se hable bien del lugar, dueño y empleados.

    Mis trabajos han sido cuatro. En todos al menos tuve alguna indiferencia con un cliente. Por supuesto el cliente se va a llevar toda la razón del mundo aunque escupa mentiras y alterando la situación.

    En este último empleo en el que ya tengo más de tres años, una clienta, al inicio, me hacía sentir fatal por su actitud nefasta. Hasta que un día, por un mal entendido de su parte, su voz se tornó aún más prepotente, igual que su ceño fruncido.

    Uno, me quedé en ‘shock’ por un momento.

    Dos, no podía asimilar como me hablaba.

    Tres, me fui a la parte trasera a llorar.

    Lloré porque sentía algo adentro, una mezcla de coraje e importancia y ganas de soltarle en su cara todas sus verdades. Por que lo más que yo hacía era caerle bien y brindarle un servicio con el que se fuera contenta. Es una persona mucho mayor que yo y no debo faltar le al respeto.

    Pero me pregunto, ¿porque las empresas dejan que los clientes humillen y traten mal a sus empleados?

    ¿Por qué los clientes son así?

    No recuerdo cómo era yo antes de ser empleado de algún lugar e iba a comer a un restaurante o una cafetería, o si mis trabajos han hecho que respete el de los demás, pero nunca seré así.

    Hay clientes que hacen una obra de teatro en el lugar cuándo no les gustó la comida o la bebida y montan todo un show que hasta puedo ver las luces y el telón. Claro pienso que eso viene de problemas personales de ellos que justifican su forma de ser, pero nadie tiene la culpa, ningún empleado, ninguna persona, ningún ser vivo tienen la culpa.

    Muchos quieren coretecias, cosas gratis, mejo atención, etc.

    Yo prefiero ser un cliente que llega a un lugar y es amable sea cual sea la situación. Si no me gustó algo lo haría lo más discreto posible sin perjudicar a nadie.

    Nadie merece ser tratado mal por su empleo o profesión

  • Café: Sumatra

    Hoy vengo a comentarles sobre un café, del cual me ha enamorado hace bastante, pero no solo por su sabor.
    Si no todo el proceso por que pasa para llegar a mi tasa y lo que logra hacerme sentir en el primer sorbo.

    Normalmente suelo probar este café con el método de preparación “Prensa francesa” ya que en este método, el café se degusta con la mayoría de sus propiedades y su sabor suele ser un poco más intenso que otros métodos como lo son el café colado o chemex que usa un filtro de papel, pero dan una tasa más limpia para beber. Este café del que les hablaré, se llama: Sumatra.

    En mi trabajo aprendí bastante sobre café y su porfa de degustación. Y uno de esos pasos es, oler.
    Cómo al inicio, olía cualquier tasa de café, siempre decía: huele a café. Y sí, pero hay más allá del aroma a café.
    Podemos encontrar muchos aromas, y en este café, Sumatra resalto un aroma especiado y a tierra mojada. Perfecto para acompañarlo un día de lluvia.
    Otro paso es, sorber y que el café se esparza por nuestra lengua, de esa forma, percibir mejor todo el sabor del café con todos sus sabores. Igual que su aroma, también tiene un sabor además de café. Y es perfecto para probarlo con cualquier queso, en especial con los quesos fuertes. Hacen un juego perfecto en tu paladar. Un Croissant de mantequilla para acompañarlo también es algo que deberían de probar alguna vez. La mantequilla es uno de sus sabores complementarios. Y la mezcla de un croissant con jamón y queso es simplemente maravillo para degustarlo con este café.

    Este café, es cosechado por cafeticultores del lugar, en sus propias casas. Y así van de generación en generación, como una herencia familiar. Siembran el café con mucho cuidado, al igual que cuidan todo su proceso hasta que está listo para despulparse y tostarse. Entonces la comunidad o vecinos del lugar acuden a vender todo su café y llevarse la ganancia en partes iguales.

    Cuando pruebo el primer sorbo y cierro mis ojos, me transporta por completo.

    Sumatra, es una isla que se encuentra al sureste de Asía , pertenece a Indonesia.
    Y hay mucho más sobre este café.

    ¿Tienen ustedes algún café que les guste mucho y les haga sentir algo especial?

  • Fuera de órbita.

    ¿Les sucede que, un día despiertan y no saben para qué despertaste o para qué estás vivo?

    Yo voy de la mano, a creer, que no venimos al mundo a hacer algo ni tampoco nacimos con un propósito ni tenemos que buscarlo como los demás suelen decir.

    Pero, sucede, que un día de pronto despierto y me siento mal. No de gripa ni tampoco de calentura. Simplemente no sé qué hacer de mi vida. Ni que quiero hacer, ni dónde quiero estar. Me siento fuera de órbita. Con los pies en algún lado, con la cabeza aquí y por allá.

    Un sentimiento o pensamiento de frustración.

    ¿Me gusta mi trabajo? ¿Me gusta lo que hago? ¿Soy feliz?, Si. Pero a veces no. Hoy no.

    Hoy quiero perderme. Quiero desaparecer. Huir. Quiero dejar las redes sociales. Esconder mi móvil, escondido para siempre. Y esperar alguna carta en el buzón de los seres que quiero y extraño. Esperar sus letras con emoción. Saber todo lo que han hecho mientras esperaban mi respuesta de vuelta.

    Descubrir un lugar nuevo. Sin sacarle fotos. Que nadie sepa de ese lugar. Que sea sólo mío o al menos creer eso.

    Quiero mojarme en la lluvia. Y que no me digan que está mal. Por que ya se las consecuencias. Se las consecuencias de todo. No tienen por qué decírmelo. Todos lo sabemos.

    Quiero ir por ahí a ser feliz sin molestar a nadie.

    Quiero sentir que vuelo mientras estoy tumbado en el suelo con los ojos cerrados.

  • ¿Recuerdas? A la orilla del mar.

    Recuerdas?
    Nos tomamos de las manos.
    De pies junto a la arena.
    Tus cabellos paseando por toda tu cara.
    Una ola que se desvanecía a la orilla del mar.
    ¿Recuerdas?
    No podíamos mover nuestros ojos.
    Ni oír el canto de la sirena.
    Tus cabellos aún jugaban con tu cara.
    Me daba cuenta, que te empezaba a amar.
    ¿Recuerdas?
    Nos besamos.
    El aire golpeaba fuerte.
    Fuerte como mi corazón latía.
    Me daba miedo que fuera a despertar.

  • Pestañas Mágicas

    Hoy vengo a contarles una anécdota que de pequeño me llenaba de ilusión; la de las PESTAÑAS MAGICAS.

    Durante mi niñez, mi madre y abuela, me contaban que, cuando una pestaña se desprendía de su lugar y corríamos con la fortuna de darnos cuenta, ya sea al mirarnos en el espejo o por que alguien nos decía que teníamos una pestaña reposando en nuestras mejillas; debíamos tomarla cuidadosamente para luego dejarla apretujada entro nuestro dedo pulgar y nuestro dedo índice.

    Por supuesto, no siempre se corría con la “suerte” de encontrarte con una pestaña, pero al encontrarte con una te sentías poderoso.

    Tenías un deseo.

    Claro que, al separar nuestros dedos pulgar e índice, la pestaña debía estar en nuestro dedo índice. Si no, el deseo no de cumplía.

    Era maravilloso, porque a pesar de mi corta edad, mis deseos no eran tan grandes ni superficiales. No quería pedir un deseo para poder ser invisible, o volar. Mis deseos eran que nunca me faltaran mis padres, que toda mi familia tuviera salud y no les pasara nada malo y si en ese momento había conflictos o problemas familiares de los que yo me enterara, pedía que estos se resolvieran.

    La mayoría de las veces tuve la fortuna de que esos “Deseos” se “volvieran realidad”.
    Pero después crecí y me di cuenta de que no todo es magia. Antes me hacía sentir muy bien, y ahora todavía un poco.

    Aun sigo pidiendo a deseos a esas pestañas. Y comienzo a agradecerme a mi “yo” del pasado porque siento que me enseña cosas aun en el presente.

    Los problemas no desaparecen así de la nada. Aunque existe es opción de escapar un poco de la realidad, pedir un deseo y ser feliz durante un breve instante.

    ¿Habías escuchado sobre las Pestañas Mágicas?

    Ojo; si pides un deseo con una pestaña que no es tuya, habrá consecuencias.