Etiqueta: relato

  • A punto de dejarlo todo. Ya no puedo más.

    No sé por dónde empezar a escribir cómo me siento. Pero es que este trabajo que tengo saca la peor de mí casi diario. Díganos que, de siete días a la semana cinco me resultan increíblemente fastidiosos.

    Dirán, entonces ¿por qué no renuncias? Busca otro empleo. Pero no es así de sencillo. Prometí durar al menos dos años en el y además, de que mi jefa es muy amiga mía. Estamos cortos de personal, y entiendo que no me puedo ir así porque si. Pero es que ya no puedo más.

    Estos clientes van a matarme de un coraje. Y tengo miedo de cometer locuras. No sé; desde decirle de cosas, groserías e insultos, claro, todo esto cómo respuesta de sus ataques.

    No entienden. Deben usar el cubrebocas para poder entrar al establecimiento. Deben dejar que tomemos su temperatura. Son los protocolos.

    Ya no quiero ir a trabajar. Próximamente hablaré con mi jefa para decirle cómo me siento. Y para decirle que no puedo durar un año más dentro de ese lugar que me está comiendo el cerebro.

    Claro está, que no debo renunciar tampoco sin tener otro trabajo asegurado. O quizás descansar un mes. No se que hacer. Quiero estudiar fotografía y tener un estudio fotográfico propio. Esa idea me ha mantenido vivo estos días. Que no se me había ocurrido antes. Y que creo, que a pesar de tener ya veintiséis años aún estoy a tiempo de cambiar mi rumbo. Me da miedo. Pero, estoy seguro que será algo que me perseguirán toda mi vida, larga o corta, si no lo hago ahora.

    Pero es que ya no puedo más. Se hacerca diciembre y hay unas filas interminables de clientes que llegan desde las 8:00am hasta las 10:30pm. Claro, solo me toca trabajar ahí ocho horas. Pero son eternas. No paras, no hay tiempo de parar.

    Falta poco más del mes y ya estoy preparándome mentalmente para esos días de locura interminable. Pero se los juro, ya no puedo más.

  • ¿Por qué no muero ahora mismo?

    ¿Por qué la luna no decide caer sobre mí en este momento?

    No lo sé.

    Ya dejen de opinar sobre mi vida. ¿Creen acaso que no se qué hacer con ella? Pues no lo sé. Pero es mía.

    No creo que venimos a agradarle y darle gusto a las personas. Ni a la familia tampoco.

    Simplemente dejen que viva cómo a mí me gusta.

    Hay días que quiero beber hasta no saber nada. Hay otros en los que decidido no beber en mucho tiempo.

    Déjeme que en un día me devore un libro. Dejen que otro lo termine en mucho tiempo.

    Déjenme ir a la playa y salir con un color que no es mío. Así quiero estar. Moreno o más moreno. No me importa.

    Quiero dormir las horas que yo quiero. No las que ustedes quieren.

    Déjenme comer todo lo que me gusta. Dejen que cuide mi cuerpo y mi alimentación cuándo me apetece.

    Dejen que camine los kilómetros que quiero. Sean muchos o sean pocos.

    Dejen que tenga pareja o que no tenga. A eso último; eso lo puedo decir yo. ¿No?

    Morir no. Porque no quiero morir todavía.

    Quiero estar muy feliz en ocasiones. Quiero odiar al mundo en otras.

    ¿Pueden también dejarme resolver mis problemas?

    Me siento prisionero en mi propia cabeza.

  • Es egoísta , ¿o no?

    ¿Por qué nos gusta creer que todo va a estar bien? No creo que este mal, pero me ha causado un poco de ruido hace unos momentos que leí un comentario de una conocida, a la cual hoy su abuela cumplía años de haber fallecido. Y su abuelo un mes. Era una foto con una cita que dice: ‘Al fin ya están juntos en el cielo. Peleando como siempre’.
    Entonces pensé, en el caso de que exista el cielo y me toque ir allí, no me gustaría volver con mi pareja con la cual pasé toda una vida peleando para seguir peleando.
    Me tocado escuchar muchas veces que digan eso, o leerlo en muchos lados. Y siento que es egoísta de parte de esas personas. Que con tal de que todo siga o igual o como para ellos no era tan desgastante estar con una persona con la que peleaba siempre, no importa tanto lo que la otra persona sienta.
    En mi caso, mis abuelos no se llevan bien. Están juntos no sé por qué motivo, ya sea por costumbre, la compañía, miedo a la soledad. O por que en muchos casos las personas ya grandes, creen que está mal separarse a esas alturas de sus vidas y comenzar de nuevo. adelantándome a los hechos, y que se que mis abuelos me faltarán algún día, o mis tíos o padres, los cuales ninguno se llevan del todos bien con sus parejas, no me gustaría, que, si se reencuentran en el cielo u otra vida, tengan que seguir sufriendo y batallando otra vez con el mismo cuento.
    Me gustaría pensar que empiezan una “nueva vida”. Que se quieren y continúan diferentes caminos. Alabando a señor, al Dios que ellos quieran o a donde sea que vayan después de la muerte.

    Digo, quizás es para confortarnos de alguna manera la perdida, pero aún así, sigo pensando que es egoísta.

  • Ni la luna, ni las estrellas.

    Solo te necesito a ti a mi lado.

    Que me sorprendas con abrazos.

    Con un beso inesperado.

    Y que pasen los años,

    me prometas el cielo.

    En las estrellas divertirnos.
    Vivir en la luna.

    Solo te necesito a ti a mi lado.

    No necesito, ni la luna ni las estrellas.

    Me basta con ver tus ojos,

    cada vez que amanece.

    Solo te necesito a ti a mi lado.

    Caminando juntos de la mano.

    Que seas la sonrisa de mis sueños.

    Que cada día, me digas que me amas.

  • Que injusto

    La violencia hacia las mujeres, en mi país, últimamente va en aumento. Es asombroso. Y es frustrante no poder hacer nada por esas mujeres desaparecidas y asesinadas.

    Yo, como hombre siento una incomodidad tan grande al pasar cerca de una mujer, más si es de noche y no hay mucha gente, que piense que puedo hacerle algún mal.

    Que injusto que una mujer no pueda ir libre por la calle

    Que injusto que no puedan vestir como quieren sin ser juzgadas.

    Hace poco en mi hermoso, pero cruel paísz desapareció una niña de siete años. Se encontró sin vida luego de dos días. Fue violada. Apuñalada. Torturada. Y finalmente, apedreada hasta morir.

    Era solo una niña inocente de siente años. Y fue robada por una mujer. Se que como este hay muchos casos, pero me resulta increíble que alguien sea capaz de semejante crueldad. Ninguna mujer, de ninguna edad merece que les quiten la vida solo por que sí. Sus familiares no merecen sufrir así.

    Nadie merecemos estar inseguros.

    Por otro lado, si eres mujer y caes por aquí sin querer. No te dejes de nadie. La violencia también está en casa. En los mismos padres, en las parejas, en los maestros. Acude a alguien. Busca ayuda.

    También me causa una impresión bastante grande, ver que en mi ciudad desaparecen una o dos mujeres al día, para después encontrar sus cuerpos.

    Esperamos que pronto la sociedad mejore.

  • Un día de San Valentín

    Lo recuerdo perfectamente bien. Mis padres estaban peleados. Mi papá ebrio y mi mamá enojada a causa de eso. Creo recordar que esa día cenariamos en familia. Pero a causa del alcohol y que mi papá tenía otra familia, llegó tarde.

    Hasta hace poco lo entiendo. Si sabía de la existencia de otra mujer y otra hija. Pero estaba muy chico para entender o atar cabos.

    Llegó mi padre por nosotros y nos fuimos. Mi mamá ya no se sentía bien. En su rostro había una furia indescriptible.

    Después de dar vueltas y vueltas por la ciudad, no llegamos a ningún lugar. Luego, en un semáforo en rojo, un vendedor de rosas se acercó a mí papá y este le compró una rosa a mi mamá. Se la dio y ella aceptó. Pero comenzó a llorar.

    En ese entonces no entendía el motivo de sus lágrimas. De su tristeza. De su decepción. Ahora lo entiendo. Mi madre sabía que venía de estar con la otra mujer.

    Muchos años después, mi madre al fin, reunió el valor y el coraje de separarse. Y se que no fue fácil para ella, porque mi madre, a pesar del alcohol, de las palabras hirientes, de desprecios, lo seguía amando.

    Sin duda, es un dolor en lo más profundo de nuestro ser, el descubrir que a quien amas tanto te traicionó, se burló de ti y se fue con otra y formó otra familia.

    Es algo que sinceramente no le deseo a nadie. Sufren todos. La esposa o esposo. Los hijos. Y no se vale.

    No se vale saber que alguien que conoces, está casado. Y aún así decidas ser parte del engaño, del dolor que vas a causar en muchas personas.

    No se vale tener una familia y darle la espalda de esta manera.

    No se vale fingir que esta bien.

    No se vale engañar a tu pareja.

    Se trata de ser feliz los dos. Y si ya no funciona, hablarlo. Luego, ser feliz por separado.

    Feliz día del amor.

  • Él ‘Yaqui’ se fue.

    Por este medio me gustaría expresar libremente el impacto y el sentir, del fallecimiento de él Yaqui, un tío mío que hace unos días atrás murió y que espero se encuentre descansando porque realmente se lo merece.

    Un hombre de 60 años. Un chaleco naranja que lo acompañó en sus últimos días de vida(de esos que usan trabajadores o tránsito). Y un silbato al que soplaba y todos sabían que él estaba cerca.

    Una niñez y adolescencia que quizás fueron algo oscuro en su vida. Pero una alegría y un ejemplo de ser humano en su adultez.

    Siempre con buen humor. Recuperado de su adicción al alcohol y ayudando a los demás a dejar ese vicio que a él lo llevó a deteriorarse por muchos años, pero que finalmente tuvo el valor y la fuerza para, parar y cambiar sus hábitos.

    No tenía un trabajo estable con un sueldo estable. Trabajaba para la gente que vivía cerca de él. Vecinos y amigos que siempre le dieron trabajo y de esa forma lo ayudaron.

    Nunca se le vio una mala cara. Una mal gesto. Una mueca. Nada. Siempre estaba sonriendo.

    Te preguntaba si tenías dinero. Si tu respuesta era ‘no’ te daba lo que tuviera en su bolsillo.

    Era el defensor de su hermana.

    Era el alma del lugar. Del vecindario.

    Claro, con su chaleco naranja siempre.

    Contaba chistes.

    Unos pocos minutos con él, hacían que se te olvidara todo lo malo que hay.

    Era esa persona que todos necesitamos.

    Fui afortunado de conocerlo.

    Siempre inventaba chistes. Todos graciosos.

    Bailaba.

    A todos sus sobrinos, nos enseñó a contar de pequeños hasta el número 10. Pero de una manera muy peculiar, y divertida. Con una voz rara que el hacía.

    Pero un día, le dió un infarto cerebral. Entonces él Yaqui, quedó en coma. Despertó pronto. Pero se había ido a otra parte. Ya no era él. Su voz se apagó. Su cuerpo no podía moverse. Y sólo sus ojos podía abrir. Pero eran unos ojos que se llenaron de tristeza, miedo, angustia.

    No podía hablar. Casi dos meses después, falleció.

    Una muerte que de alguna manera todos sabíamos que iba a suceder. Pero nos dimos cuenta, o al menos yo, que esta a aferrado a un ligero hilo, una cosa delgada llena de esperanza.

    Pensába que iba recuperarse. A volver a ser el mismo. Pero no fue así.

    Yo no creo en el paraíso. Ni en el cielo, en las religiones. Pero una parte mía esperan que, sea lo que sea que hay después de morir, sea bueno para él Yaqui.

    Un hombre bueno que no merecía sufrir.

    Estas cosas me hacen pensar que el karma no existe. Y que este caso, me hizo cuestionarme aún más, sobre lo que es la muerte.

  • El Día De Muertos

    Aquí en mi país, México, ‘El Día de Muertos’ es una tradición mexicana que se celebra desde muchos años atrás.

    A mi parecer, cada vez, más personas van conociendo está tradición y cultura que tenemos en nuestro país.

    Es una bonita manera de recordar a nuestros seres queridos que ya no están a nuestro lado. Por eso, por primera vez este año decidí hacer un ‘Altar de Muertos’

    En el cuál se colocan ofrendas que le gustaban a los difuntos.

    Hacerlo me llenó de tantos recuerdos. Cosas que no tenía tan presente. Cosas que quizás tenía años de no recordar.

    Lloré, me reí. De alguna forma mientras preparaba el altar, «platicaba» con ellos. Y se sentía que estaban ahí. Se creó una atmósfera y ambiente muy extraño pero acojedor.

    Algunos de ellos partieron hace mucho y otros hace muy poco. Entonces creo que esta celebración a la muerte es algo muy bonito. Una creencia y una tradición muy poderosa

    Yo no soy creyente de religiones

    Pero, creo que todos nosotros o la mayoría de nosotros, guardamos un sentimiento de esperanza, que creemos o queremos volver a estar aunque sea por un momento con ese ser que perdimos. Entonces, el 2 de noviembre, los difuntos van a donde está el altar. Ahí hay algo de mágica o como quieran llamarlo, y no lo digo por sus fotos, las ofrendas, pero realmente se siente algo de ellos. Como si estuviesen ahí.

  • Huye

    -Huye

    Me dice alguien que aparece de la nada y me sujeta de los hombros. Miro alrededor y todo está vacío.

    No hay personas, ni autos. Todo es desértico. Yo tengo que huir, escapar, pero estoy lejos de casa. No hay tampoco taxis ni autobuses. Se siente el peligro. No hay un ningún sonido. Hay mucho viento pero no emite sonido alguno.

    Camino más y más. No se si estoy huyendo o no. A lo lejos veo un autobús que se detiene, me subo.

    Él conductor, con su cara de angustia me apresura a subir.

    Había tres pasajeros más con rostros perplejos, con ojos apagados y con la mirada perdida.

    Por el trayecto, se pueden ver lugares en llamas. Ahora si hay personas, corriendo desesperadas. También hay coches cubiertos de fuego y explotando. Pero todo sin sonido.

    Se sentía tan real. El ambiente, la sensación, los colores, el miedo.

    Tenía que huir.

    Llego a casa y me encuentro preparando una maleta. Espero a mi madre y a mi hermano, que no se a dónde se habrán ido, pero al final llegan.

    Alguien viene por nosotros, mis abuelos, para huir en su coche.

    Vamos por carretera. Voy observando el cielo, luce rojo y no hay sonido aún. Mi abuelo para en seco, nos detemos. Volteo a ver a todos y tienen su rostro quebrado, la mirada fija en algo que los dejó así, intento mirar que es lo que ven, y despierto.

  • Cuando te encuentras

    Sucede que en veces te pierdes y luego de un rato te encuentras.
    No hablo de ir por ahí en alguna nueva ciudad o en un bosque por primera vez, hablo del día a día, de la rutina que nos hace perdernos, del trabajo y los ‘quehaceres’ de la vida.
    Hoy me sucedió que me encontré y les contaré algo breve y poco significante.

    Salí de mi trabajo, muy cerca hay un supermercado, al que fui y a comprar agua para beber porque en casa no tengo. Me encontré con unas ofertas super buenas en botellas de vino que no pude rechazar, aun corto de dinero.

    Llegué a casa. Mande a volar los zapatos a por donde quisieran caer. Me senté en mi cómodo sofá, pero antes puse a enfriar el vino y a cocer una pasta. Me bañé. Vestí unas prendas demasiado holgadas y ligeras. Terminé la pasta, pero no por presumir, me quedó buenísima . Me serví una copa de vino tinto, prendí la TV para ver Netflix o Prime, pero por una extraña razón, miré una pila de cosas amontonadas que me llamó la atención, como si me gritara: -¡Mírame! Yo obediente, miré.

    Me encontré ahí un libro que deje empezado, abandonado, olvidado, sumergido en un agujero negro en mi cabeza. Lo cogí, y comencé a recordar de que trataba y hasta donde me había quedado la ultima vez y comencé desde ese punto. Hasta que me perdí.

    Mi mente se metió la libro o el libro se apoderó de mí.

    Vino, pasta, libro. Fue una mezcla bastante buena, no lo había mezclado jamás.

    Pero después de parar la lectura, mi plato y mi copa, me sentí tan bien. Me encontré.
    Hasta me acosté, apague la luz, cerré los ojos y soñé un poco despierto.
    En veces olvido hacer lo que me gusta. Y puedo ser capaz de dejarlo mucho tiempo.

    Suele hacerse costumbre eso de llegar a casa, pedir comida a domicilio y mirar una serie que te atrapa y no te suelta. No digo que esté mal. Me encantan las series. Pero te alejan de otras cosas.

    Me dio gusto encontrarme.