Etiqueta: para leer

  • Extraños sentimientos.

    Hace dos días que regresé a laborar. Dónde trabajo me dieron una semana libre por la situación del Covid-19.

    Me cambiaron una sucursal a dónde ya trabajé hace años. Pero es que volver ahí me hizo sentir muy fuera de lugar.

    Si vas a leerme, te advierto que no me imagino lo que han de sentir quienes han pasado más de un mes en cuarentena. Lo mío fue una semana sin trabajar pero no he salido en más de un mes, y a partir de eso es en lo que se ‘vasa’ mi situación.

    Al llegar, me encontré con caras nuevas y ya conocidas y poco conocidas. Cosa que me ayudó un poco a no sentir que estaba en una especie de sueño.

    Sentía una cosa rara dentro de mí. Tenía sentimientos encontrados, extraños, sin palabras para describir como fue.

    En ese lugar, a sus alrededores todo era un flujo constante de carros y personas. Está cerca del mar, de hermosas playas. Rodeado de bares y algunos restaurantes. Era un lugar de fiesta, de cerveza y comida por doquier. Pero al volver no había nada. Solo una persona a lo lejos y yo.

    Por un momento pensé que estaba soñando, tenía esa extraña sensación, esa que te da cuándo estás soñando y te das cuenta de ello.

    En el café, mencioné decir que ese era mi trabajo, también llegaron clientes que hace mucho no miraba y que no recordaba sus rostros pero que sus nombres llegaron a mi cabeza una vez vistos.

    Algo, una voz, o no sé, me decía que estaba soñando. Admito que ese lugar de mi trabajo no me gusta mucho y en la nueva sucursal si. Así que en pesadillas, algunas veces sueño que regreso a trabajar ahí. Pasaban las horas y estaba esperando despertar. Hasta que llegó mi hora de salida junto con la noche. Así que la soledad del lugar aumentó, la sensación también.

    Tomé el bus, llegué a mi casa, hablé con mi mamá y hermano un momento (quienes no viven conmigo, pero antes de que la pandemia del Covid-19 aumentara en mi ciudad, decidimos estar juntos). Me acosté, sin sueño, no podía dormir. Aún sentía que soñaba, pero por una extraña razón no me convencía.

    Una ola de pensamientos, de cosas feas y horrorosas atormentaban mi cabeza. Escuché a mi hermano toser y me abrazó un miedo que no me soltaba. Los pensamientos de traicionaron, se volvieron más agresivos.

    Pasé horas, 2 o 3, sin poder conciliar el sueño. Mi miedo ante esta situación, cada día es mayor. Hay tantas personas por acá que creen que no les va a pasar nada y que todo es mentira. Así que cada vez aumentan la cuarentena, por que los casos no paran. Los infectados y muertes suben. Pero las personas siguen en la calle, afuera sin asuntos que atender. Solo por que no pueden estar en casa.

    ¿Ustedes como se han sentido?

  • Extraños sentimientos.

    Hace dos días que regresé a laborar. Dónde trabajo me dieron una semana libre por la situación del Covid-19.

    Me cambiaron una sucursal a dónde ya trabajé hace años. Pero es que volver ahí me hizo sentir muy fuera de lugar.

    Si vas a leerme, te advierto que no me imagino lo que han de sentir quienes han pasado más de un mes en cuarentena. Lo mío fue una semana sin trabajar pero no he salido en más de un mes, y a partir de eso es en lo que se ‘vasa’ mi situación.

    Al llegar, me encontré con caras nuevas y ya conocidas y poco conocidas. Cosa que me ayudó un poco a no sentir que estaba en una especie de sueño.

    Sentía una cosa rara dentro de mí. Tenía sentimientos encontrados, extraños, sin palabras para describir como fue.

    En ese lugar, a sus alrededores todo era un flujo constante de carros y personas. Está cerca del mar, de hermosas playas. Rodeado de bares y algunos restaurantes. Era un lugar de fiesta, de cerveza y comida por doquier. Pero al volver no había nada. Solo una persona a lo lejos y yo.

    Por un momento pensé que estaba soñando, tenía esa extraña sensación, esa que te da cuándo estás soñando y te das cuenta de ello.

    En el café, mencioné decir que ese era mi trabajo, también llegaron clientes que hace mucho no miraba y que no recordaba sus rostros pero que sus nombres llegaron a mi cabeza una vez vistos.

    Algo, una voz, o no sé, me decía que estaba soñando. Admito que ese lugar de mi trabajo no me gusta mucho y en la nueva sucursal si. Así que en pesadillas, algunas veces sueño que regreso a trabajar ahí. Pasaban las horas y estaba esperando despertar. Hasta que llegó mi hora de salida junto con la noche. Así que la soledad del lugar aumentó, la sensación también.

    Tomé el bus, llegué a mi casa, hablé con mi mamá y hermano un momento (quienes no viven conmigo, pero antes de que la pandemia del Covid-19 aumentara en mi ciudad, decidimos estar juntos). Me acosté, sin sueño, no podía dormir. Aún sentía que soñaba, pero por una extraña razón no me convencía.

    Una ola de pensamientos, de cosas feas y horrorosas atormentaban mi cabeza. Escuché a mi hermano toser y me abrazó un miedo que no me soltaba. Los pensamientos de traicionaron, se volvieron más agresivos.

    Pasé horas, 2 o 3, sin poder conciliar el sueño. Mi miedo ante esta situación, cada día es mayor. Hay tantas personas por acá que creen que no les va a pasar nada y que todo es mentira. Así que cada vez aumentan la cuarentena, por que los casos no paran. Los infectados y muertes suben. Pero las personas siguen en la calle, afuera sin asuntos que atender. Solo por que no pueden estar en casa.

    ¿Ustedes como se han sentido?

  • El chocolate que desapareció

    El chocolate que desapareció.

    Vengo a contarles una pequeña historia que sucedió el día de ayer aquí en mi casa. Es aún, un misterio sin resolver. No sabemos que pasó. ¿Hay sospechosos? Claro. Mi mamá y mi hermano. Pero ambos niegan haberlo comido. Incluso sospecho de mí. Pero soy él ultimo de mi lista.

    Compré un chocolate el día 3 de Abril del 2020 a las 6:30pm. Fui a la farmacia porque a mi mamá le dolía la cabeza y me mandó por una caja de SARIDON. Honestamente esas pastillas son mágicas, pero eso es tema para otro día. Llego a la farmacia, pido las pastillas y un dulce que también me encargó mi madre. Entonces, ya estando ahí miré un chocolate, un Milky Way, así que decidí comprarme un y disfrutarlo el resto de la noche y tener mis cinco minutos Milky Way en medio de toda esta tragedia llena de virus.

    Llegué a la casa, mi mamá se tomó las pastillas, y rápidamente el dolor de cabeza desapareció por completo. Olvidé el chocolate, nos pusimos a ver la película de Midsommar y después intercambiamos opiniones de la cinta que a mi me encantó, pero a mi mamá no.

    Al día siguiente, bajé a comer y ahí estaba mi chocolate. Y yo feliz de acordarme de el y que aun estaba disponible para disfrutarlo en cualquier momento, pero otra vez me olvidé de el. Me fui a trabajar. La tarde y la noche pasaron muy lentos, pues casi no hay clientes en la plaza donde trabajo por el asunto del Covid-19  y que si hay personas responsables y consientes de la situación y se resguardan en sus casa como deber ser. Entonces, a la salida, cuando ya venia a casa de regreso, recordé mi chocolate, me emocionó mucho saber que aún lo tenía. Así que lo busqué donde lo miré la ultima vez.

    NO ESTABA.

    Por supuesto culpé a mi hermano por que cualquier comida, dulce, postre, que queda a su vista, se la devora. Es un peligro.  Pero dice que no fue él. Le creí, pero una parte de mi no estaba satisfecho con su respuesta. Sus gestos, su hablar, su actitud, todo, me indicaba que era verdad, si no, hubiera sido muy fácil, se delataría solo.

    Así que viene la segunda sospechosa, mi mamá. Le encantan los dulces. Y le encanta tirar todo a la basura y después no se acuerda que tiró. O guardar cosas y no recordar donde. Pero esta a dieta, y antes de irme esa mañana le ofrecí, pero me dijo que no, que porque esta a dieta. Así que no creo que ella sea culpable.

    O quizás se lo comieron entre ella y mi hermano y están actuando de maravilla para ocultar que entre los dos fueron. Mienten muy bien, o de verdad son inocentes. No lo se que con certeza.

    Incluso sospecho que yo me lo pude haber comido y no lo recuerdo. Pero siendo honestos, no lo olvidaría.

    Estoy muy confundido. Entre los dos los buscamos por toda la casa, hasta en la basura y nada. Mi mamá se ve interesada en encontrar el chocolate. Y estamos preocupados. Tenemos un montón de teorías. Quizás alguien lo tomo por la puerta, estirando el brazo hasta donde estaba.
    Quizás alguien vive aquí adentro de la casa sin darnos cuenta. El perro de peluche de mi hermano se lo pudo haber comido, porque resulta que del “hocico” está manchado de café. O hay algo sobrehumano comiendo o escondiendo las cosas de la casa. Hace dos noches, vi que algo, de pequeña estatura, se miraba al espejo, pero no pude ver que era. O hay duendes.  No lo sé. Hoy seguimos buscando y nada. Hoy salimos a comer, y al regresar, vimos en la puerta una envoltura del Milky Way.

    Quiero saber que pasó. No me deja vivir esta duda. ¿Qué teorías tienen? Necesito ayuda.

  • Natalia debe morir

    Hola, posteo acá un pequeño borrador, de un capitulo, de una historia que quiero construir. Que tengan buen día.

    Natalia debe morir.

    Estas últimas semanas, le había pasado muchas veces por su mente. ‘Natalia debe morir’.
    Pero Alex no sabía como iba a lograr que eso sucediera. Solo sabia una cosa, no podía soportar mas tiempo a esa mujer que hacia su trabajo fuera horrible desde el momento en que ella cruzaba la puerta y entraba a la cafetería donde Alex trabaja y pidiera su ‘Chai Extra Caliente’ de todos los malditos días del año.

    Una mañana muy azul. Alex, iba caminando a esperar el autobús que lo dejaba cerca de su trabajo. El clima, era espantoso.  ‘Odio el calor’, pensaba Alex. Pasó un autobús y no era el que Alex necesitaba para su trabajo, Pasó otro, tampoco era. Siguieron dos más, y tampoco eran. Al fin, el cuarto camión es el que necesitaba para subir y odiar este hermoso día azul. Odiaba esperar tanto tiempo el autobús cuando hacia bastante calor. Venía lleno de personas y apenas un asiento estaba disponible, pero una señora, de algunos sesenta y siete a setenta años apareció, ganándole el lugar, pasando entre las personas como la humedad. Alex era un joven muy amable con las personas mayores cuando de él nacía esa acción de hacer algo bueno por ellos, como el de ofrecer un asiento a una persona mayor. Pero le molestaban las acciones desconsideradas y arrebatadoras como las de esta señora. ‘Ella debe morir, o no existir. De ser así hubiese ganado mi lugar como correspondía’.

    Alex baja de su odioso trayecto. Siente que el calor lo envuelve y eso lo pone de muy mal humor. Luego pensar los mil setecientos cincuenta pasos que debe dar hasta llegar a su trabajo.
    Si, tenía una aplicación en su móvil que contaba los pasos que da durante todo el día. Sentía que el sol lo odiaba. Odiaba el calentamiento global. Odiaba las personas que contaminan y tiran basura en la calle y en las playas. Odiaba caminar a su trabajo, odiaba los autobuses. Pero no quería comprar un carro, le parece absurdo gastar tanto dinero en uno, cuando un autobús puede llevarte a muchos lugares a tan bajo costo.

    Trabaja en una cafetería que se encuentra dentro de una plaza. Tenía ya siete años trabajando en ese lugar. Le gustaba mucho. Conocía muchas personas, hizo algunos amigos y le encantaba el café. Pero de casi todo lo que le gusta, odia algo de ello.
    Ama a la mayoría de los clientes. En especial a los que llegan, piden lo mismo, saludan y se van en cinco minutos. Están con los que tiene muchos temas en común y pueden platicar durante mucho tiempo. Están esos que son amables y no se quejan.
    Pero están los que van siempre, y siempre se quejan de todo. Del servicio, de la actitud de los trabajadores, de la comida, del café, del chai, del aire, de la música.

    Se pone su mandil y comienza a laborar.

    Se prepara un café, uno que lleva tres shots de espresso y chocolate blanco. Su favorito desde que trabaja ahí. Se lo sirve en las rocas. Le gusta el café frío en cualquier clima del año. Y siempre se prepara lo mismo antes de empezar su turno en su trabajo. Es un día normal, al parecer. Como siempre, Alex deseaba que no fueran esos clientes que más odia y que solo le hacen perder el tiempo con sus reclamos.

    Alex platicaba un momento con Sandra, una muchacha nueva que tenía apenas diez meses trabajando ahí y se habían hecho ya grandes amigos. Les gustaba charlar sobre libros. Todo marchaba bien en el día hasta que se ve aproximarse una clienta, a la que todos odiaban, en especial Alex, porque, para su desgracia, él preparaba mejor el chai que todos en ese lugar, y Natalia lo sabía.

    -Voltea, que ahí viene tu favorita – Dijo Sandra con tono burlón.
    -Me gustaría esconderme, pero lastima que ya me vio. -Alex alzaba la mano para responder el saludo de Natalia, que entraba a la cafetería y saludaba con una sonrisa de oreja a oreja. Claro, una sonrisa falsa, como la de Alex.
    -Hola, muchachos. Buenos días. Que alegría que estés tú, Alex. Ya sabes. Lo de siempre; un chai, del más grande. ¡Super, super caliente! Que no se olvide. – Recalcó Natalia, con un tono de voz muy alto y falso como su sonrisa. Fingiendo ser una persona amable.
    -Claro, enseguida te lo tengo listo, dame un minuto. – Claro que eran mentiras de Alex. Tardaba cinco minutos o más, porque tenía que calentar el agua, para que estuviera muy caliente, y aparte también calentar la leche para que estuviera muy caliente. Enseguida tenia que mezclar el agua y la leche con el chai para terminar la bebida, pero se debía volver a calentar, porque para Natalia aún no estaba lo suficiente caliente para beber.

    La bebida estuvo lista al cabo de unos minutos. La mujer de sonrisa falsa la cogió y la bebió. Pero no estuvo a la temperatura que ella deseaba. Necesitaba que estuviera mas caliente.
    Todos se preguntaban cómo era posible que un ser humano pudiera beber una bebida de tan alta temperatura. Estaba más alta de lo permitido por la empresa. Podrá lastimar sus órganos, su legua, su esófago, su estómago, su garganta, todo el camino que un liquido puede recorrer al pasar por la boca. Pero para ella no era problema.

    Alex le decía, como siempre, que podía volver a prepara su bebida hasta que le gustara y estuviera a la temperatura adecuada. Y cuando a Natalia no le gustaba la bebida su actitud cambiaba. Su voz no era amable, su sonrisa se volvía una desagradable mueca y su ceño se fruncia un poco.

    Segundo intento, aun mas caliente el chai, a esa mujer inmune a lo caliente, no le era lo suficiente para poder beberlo. Ella ya no sonería, su ceño lucía muy arrugado y su voz no tubo cambio, no habló. Solo hizo gesto de desagrado y casi tira la bebida de lo molesta que estaba.

    Él pobre Alex, tubo que ocultar su frustración, su enojo, sus ganas de decirle cosas, pero logro mantener su enojo muy bien guardado y volvió a decirle que volvía a prepara su bebía. Era casi imposible que alcanzara un grado más alto de temperatura. El liquido empezaba a hacer ebullición, a hacer burbujas que explotaban y lanzaban chispas hirviendo que caían sobre las manos de Alex. Y eso le molestaba muchísimo. Podía sentir la mirada furiosa de la clienta. Al momento de casi preparar la bebida, un mal movimiento hace que la bebida se derrame un poco y Alex se quema la mano, y aguanta el ardor con tal de que Natalia la pruebe y se vaya del lugar.

    – ¡No me gusta! ¡No entiendo por que no puedes hacerla como le pido! ¡No sabes lo que es extra caliente! No me quema, no siento nada, no me sabe bien. Tengo que irme, así déjalo ya.

    La mente de Alex se fue de su lugar. Algo en él cambió. Fue como un cambio de cerebro y es como si alguien hubiera entrado en cuerpo y lo manipularan. De pronto no sintió nada. No había ardor, no había desesperación. Es como si estuviera en estado neutro, sin recibir señal, sin captar información a su alrededor. Sus oídos no funcionaban. Sólo veía que Natalia movía sus labios, pero no podía escuchar lo que decía. Estuvo así aproximadamente un minuto. La única expresión de su rostro era un pequeño estirón de su labio, estirado a la izquierda. No era una sonrisa, era algo más. Sólo había un pequeño pensamiento que lo controlaba y se repetía contantemente en ese tiempo que estuvo sin reacciona; ‘No puedo permitir que siga sucediendo esto. La odio. No quiero verla más. Tiene que desaparecer para siempre. Ojalá que se muera’
    De pronto volvió en sí y tranquila y delicadamente soltó unas palabras:
    – Discúlpame. Te juro, que no volverá a suceder.
    En su mente, planeaba algo que pensó que solo se quedaría ahí, en su imaginación. Jamás pensó que se volvería realidad.

  • Coronavirus

    Estos días de verdad me he sentido triste por toda la situación que hay en el mundo, y la causa es, la que todos conocemos: el coronavirus.

    Yo vivo en México y hasta la fecha y el resultado mas exacto es que van cerca de los 500 casos positivos confirmados hasta el momento y seis muertes. Pero cada semana es mas grabe el asunto.

    Estamos viendo como sufrieron en China, como están sufriendo en España e Italia y acá en mi país parece importarles muy poco lo que suceda con nuestras vidas, claro, ni hablar de las empresas con sus empleados que los quieren mandar a sus casas sin salario por el tiempo que duren sin trabajar y en muchas otras empresas o negocios no les aseguran que continuaran trabajando.

    Verán, a mi me dieron la opción de si quería, me podía ir como descanso de 1 a 3º días, obviamente, sin sueldo alguno. Porque la empresa, no piensa en cerrar aún. Estoy hablando de una empresa grande, que maneja muchas marcas acá en México. Están mas preocupados por que los clientes sigan visitando sus cadenas de negocios que, sus empleados se contagien del virus, etc., etc., etc. Eso sí, se están sacando de la manga muchos métodos de higiene. Eso no lo discuto, está bien. Pero si estamos recibiendo gente de fuera, que no se cuida y anda por la calle y las plazas como si nada, pues nos vamos a contagiar. Por lo pronto, sigo trabajando. Me han dicho que los días que pedí (porque se que no debo irme sin goce de sueldo, que la empresa tiene que respaldarme como la ley lo marca, aun así, prefiero estar en mi casa cuidándome del virus), me los dan hasta abril, a mediados de mes. Son mas de dos semanas la que faltan. Cada día es un riesgo.

    Cómo el plan de la empresa es no cerrar, me da pánico. Se que no debo de pesar así y que me afecta la mente, pero por todos lados hay noticas al respecto. Así que un tanto inevitable no pensar en la situación.
    Mi método de transporte es público. Son autobuses, gente sube y baja, toca los tubos. Qué horror.

    Ahora hablando de mi empresa, de mi país, en mi ciudad también la gente no se preocupa. Quieren estar afuera, no pueden estar en sus casas. Yo amo mi hogar. Debo admitir que estar mucho tiempo en casa en veces me hace querer salir por que no lo soporto, pero es distinto ahorita, la situación es otra, podemos enfermarnos y morir solo por que no podemos estar encerrados “tanto tiempo”.

    Una señora que conozco le dieron un mes de descanso, con salario, y está todo el tiempo en restaurantes, plazas, cafeterías. Las personas creen que son vacaciones, y no es así.
    Otros amigos andan en playas, en bares, reuniones en casas. No les importa, creen que no les va a pasar nada y por eso, no avanzamos como pueblo, como sociedad. Es falta de responsabilidad.

    En fin, mi idea era hablar de otros temas, también relacionados, pero me desvié.

    Cuídense. Manténganse a salvo.

  • Ni la luna, ni las estrellas.

    Solo te necesito a ti a mi lado.

    Que me sorprendas con abrazos.

    Con un beso inesperado.

    Y que pasen los años,

    me prometas el cielo.

    En las estrellas divertirnos.
    Vivir en la luna.

    Solo te necesito a ti a mi lado.

    No necesito, ni la luna ni las estrellas.

    Me basta con ver tus ojos,

    cada vez que amanece.

    Solo te necesito a ti a mi lado.

    Caminando juntos de la mano.

    Que seas la sonrisa de mis sueños.

    Que cada día, me digas que me amas.

  • Que injusto

    La violencia hacia las mujeres, en mi país, últimamente va en aumento. Es asombroso. Y es frustrante no poder hacer nada por esas mujeres desaparecidas y asesinadas.

    Yo, como hombre siento una incomodidad tan grande al pasar cerca de una mujer, más si es de noche y no hay mucha gente, que piense que puedo hacerle algún mal.

    Que injusto que una mujer no pueda ir libre por la calle

    Que injusto que no puedan vestir como quieren sin ser juzgadas.

    Hace poco en mi hermoso, pero cruel paísz desapareció una niña de siete años. Se encontró sin vida luego de dos días. Fue violada. Apuñalada. Torturada. Y finalmente, apedreada hasta morir.

    Era solo una niña inocente de siente años. Y fue robada por una mujer. Se que como este hay muchos casos, pero me resulta increíble que alguien sea capaz de semejante crueldad. Ninguna mujer, de ninguna edad merece que les quiten la vida solo por que sí. Sus familiares no merecen sufrir así.

    Nadie merecemos estar inseguros.

    Por otro lado, si eres mujer y caes por aquí sin querer. No te dejes de nadie. La violencia también está en casa. En los mismos padres, en las parejas, en los maestros. Acude a alguien. Busca ayuda.

    También me causa una impresión bastante grande, ver que en mi ciudad desaparecen una o dos mujeres al día, para después encontrar sus cuerpos.

    Esperamos que pronto la sociedad mejore.

  • Un día de San Valentín

    Lo recuerdo perfectamente bien. Mis padres estaban peleados. Mi papá ebrio y mi mamá enojada a causa de eso. Creo recordar que esa día cenariamos en familia. Pero a causa del alcohol y que mi papá tenía otra familia, llegó tarde.

    Hasta hace poco lo entiendo. Si sabía de la existencia de otra mujer y otra hija. Pero estaba muy chico para entender o atar cabos.

    Llegó mi padre por nosotros y nos fuimos. Mi mamá ya no se sentía bien. En su rostro había una furia indescriptible.

    Después de dar vueltas y vueltas por la ciudad, no llegamos a ningún lugar. Luego, en un semáforo en rojo, un vendedor de rosas se acercó a mí papá y este le compró una rosa a mi mamá. Se la dio y ella aceptó. Pero comenzó a llorar.

    En ese entonces no entendía el motivo de sus lágrimas. De su tristeza. De su decepción. Ahora lo entiendo. Mi madre sabía que venía de estar con la otra mujer.

    Muchos años después, mi madre al fin, reunió el valor y el coraje de separarse. Y se que no fue fácil para ella, porque mi madre, a pesar del alcohol, de las palabras hirientes, de desprecios, lo seguía amando.

    Sin duda, es un dolor en lo más profundo de nuestro ser, el descubrir que a quien amas tanto te traicionó, se burló de ti y se fue con otra y formó otra familia.

    Es algo que sinceramente no le deseo a nadie. Sufren todos. La esposa o esposo. Los hijos. Y no se vale.

    No se vale saber que alguien que conoces, está casado. Y aún así decidas ser parte del engaño, del dolor que vas a causar en muchas personas.

    No se vale tener una familia y darle la espalda de esta manera.

    No se vale fingir que esta bien.

    No se vale engañar a tu pareja.

    Se trata de ser feliz los dos. Y si ya no funciona, hablarlo. Luego, ser feliz por separado.

    Feliz día del amor.

  • Él ‘Yaqui’ se fue.

    Por este medio me gustaría expresar libremente el impacto y el sentir, del fallecimiento de él Yaqui, un tío mío que hace unos días atrás murió y que espero se encuentre descansando porque realmente se lo merece.

    Un hombre de 60 años. Un chaleco naranja que lo acompañó en sus últimos días de vida(de esos que usan trabajadores o tránsito). Y un silbato al que soplaba y todos sabían que él estaba cerca.

    Una niñez y adolescencia que quizás fueron algo oscuro en su vida. Pero una alegría y un ejemplo de ser humano en su adultez.

    Siempre con buen humor. Recuperado de su adicción al alcohol y ayudando a los demás a dejar ese vicio que a él lo llevó a deteriorarse por muchos años, pero que finalmente tuvo el valor y la fuerza para, parar y cambiar sus hábitos.

    No tenía un trabajo estable con un sueldo estable. Trabajaba para la gente que vivía cerca de él. Vecinos y amigos que siempre le dieron trabajo y de esa forma lo ayudaron.

    Nunca se le vio una mala cara. Una mal gesto. Una mueca. Nada. Siempre estaba sonriendo.

    Te preguntaba si tenías dinero. Si tu respuesta era ‘no’ te daba lo que tuviera en su bolsillo.

    Era el defensor de su hermana.

    Era el alma del lugar. Del vecindario.

    Claro, con su chaleco naranja siempre.

    Contaba chistes.

    Unos pocos minutos con él, hacían que se te olvidara todo lo malo que hay.

    Era esa persona que todos necesitamos.

    Fui afortunado de conocerlo.

    Siempre inventaba chistes. Todos graciosos.

    Bailaba.

    A todos sus sobrinos, nos enseñó a contar de pequeños hasta el número 10. Pero de una manera muy peculiar, y divertida. Con una voz rara que el hacía.

    Pero un día, le dió un infarto cerebral. Entonces él Yaqui, quedó en coma. Despertó pronto. Pero se había ido a otra parte. Ya no era él. Su voz se apagó. Su cuerpo no podía moverse. Y sólo sus ojos podía abrir. Pero eran unos ojos que se llenaron de tristeza, miedo, angustia.

    No podía hablar. Casi dos meses después, falleció.

    Una muerte que de alguna manera todos sabíamos que iba a suceder. Pero nos dimos cuenta, o al menos yo, que esta a aferrado a un ligero hilo, una cosa delgada llena de esperanza.

    Pensába que iba recuperarse. A volver a ser el mismo. Pero no fue así.

    Yo no creo en el paraíso. Ni en el cielo, en las religiones. Pero una parte mía esperan que, sea lo que sea que hay después de morir, sea bueno para él Yaqui.

    Un hombre bueno que no merecía sufrir.

    Estas cosas me hacen pensar que el karma no existe. Y que este caso, me hizo cuestionarme aún más, sobre lo que es la muerte.

  • Como cliente y como trabajador.

    Me gustaría hablar de éste tema, de atención al cliente y cliente.

    He tenido varios trabajos, todos enfocados a que la experiencia del cliente sea maravillosa. Claro todos los negocios quieren que el cliente regrese y se hable bien del lugar, dueño y empleados.

    Mis trabajos han sido cuatro. En todos al menos tuve alguna indiferencia con un cliente. Por supuesto el cliente se va a llevar toda la razón del mundo aunque escupa mentiras y alterando la situación.

    En este último empleo en el que ya tengo más de tres años, una clienta, al inicio, me hacía sentir fatal por su actitud nefasta. Hasta que un día, por un mal entendido de su parte, su voz se tornó aún más prepotente, igual que su ceño fruncido.

    Uno, me quedé en ‘shock’ por un momento.

    Dos, no podía asimilar como me hablaba.

    Tres, me fui a la parte trasera a llorar.

    Lloré porque sentía algo adentro, una mezcla de coraje e importancia y ganas de soltarle en su cara todas sus verdades. Por que lo más que yo hacía era caerle bien y brindarle un servicio con el que se fuera contenta. Es una persona mucho mayor que yo y no debo faltar le al respeto.

    Pero me pregunto, ¿porque las empresas dejan que los clientes humillen y traten mal a sus empleados?

    ¿Por qué los clientes son así?

    No recuerdo cómo era yo antes de ser empleado de algún lugar e iba a comer a un restaurante o una cafetería, o si mis trabajos han hecho que respete el de los demás, pero nunca seré así.

    Hay clientes que hacen una obra de teatro en el lugar cuándo no les gustó la comida o la bebida y montan todo un show que hasta puedo ver las luces y el telón. Claro pienso que eso viene de problemas personales de ellos que justifican su forma de ser, pero nadie tiene la culpa, ningún empleado, ninguna persona, ningún ser vivo tienen la culpa.

    Muchos quieren coretecias, cosas gratis, mejo atención, etc.

    Yo prefiero ser un cliente que llega a un lugar y es amable sea cual sea la situación. Si no me gustó algo lo haría lo más discreto posible sin perjudicar a nadie.

    Nadie merece ser tratado mal por su empleo o profesión