¿No es acaso más complicado ir por ahí buscándo el amor, a esperar que solo llegue?
Un día llegará. Y así como llega se podrá ir o lo podrás dejar marchar.

¿No es acaso más complicado ir por ahí buscándo el amor, a esperar que solo llegue?
Un día llegará. Y así como llega se podrá ir o lo podrás dejar marchar.

¿Les sucede que, un día despiertan y no saben para qué despertaste o para qué estás vivo?
Yo voy de la mano, a creer, que no venimos al mundo a hacer algo ni tampoco nacimos con un propósito ni tenemos que buscarlo como los demás suelen decir.
Pero, sucede, que un día de pronto despierto y me siento mal. No de gripa ni tampoco de calentura. Simplemente no sé qué hacer de mi vida. Ni que quiero hacer, ni dónde quiero estar. Me siento fuera de órbita. Con los pies en algún lado, con la cabeza aquí y por allá.
Un sentimiento o pensamiento de frustración.
¿Me gusta mi trabajo? ¿Me gusta lo que hago? ¿Soy feliz?, Si. Pero a veces no. Hoy no.
Hoy quiero perderme. Quiero desaparecer. Huir. Quiero dejar las redes sociales. Esconder mi móvil, escondido para siempre. Y esperar alguna carta en el buzón de los seres que quiero y extraño. Esperar sus letras con emoción. Saber todo lo que han hecho mientras esperaban mi respuesta de vuelta.
Descubrir un lugar nuevo. Sin sacarle fotos. Que nadie sepa de ese lugar. Que sea sólo mío o al menos creer eso.
Quiero mojarme en la lluvia. Y que no me digan que está mal. Por que ya se las consecuencias. Se las consecuencias de todo. No tienen por qué decírmelo. Todos lo sabemos.
Quiero ir por ahí a ser feliz sin molestar a nadie.
Quiero sentir que vuelo mientras estoy tumbado en el suelo con los ojos cerrados.

Recuerdas?
Nos tomamos de las manos.
De pies junto a la arena.
Tus cabellos paseando por toda tu cara.
Una ola que se desvanecía a la orilla del mar.
¿Recuerdas?
No podíamos mover nuestros ojos.
Ni oír el canto de la sirena.
Tus cabellos aún jugaban con tu cara.
Me daba cuenta, que te empezaba a amar.
¿Recuerdas?
Nos besamos.
El aire golpeaba fuerte.
Fuerte como mi corazón latía.
Me daba miedo que fuera a despertar.

De vez en cuando, creo que hay echar un vistazo a través de la ventana y reflexionar sobre como estamos con nosotros mismos. Quizás a muchos no sucede, que despertamos y luego vivimos para los demás.
Puede empezar desde lo que queremos hacer en nuestro día libre y hasta de la limitación de pensamiento u opciones que debemos reservarnos cuando estamos con alguien quien no es del todo abierto a que los demás tengan una opinión distinta a la de ellos.
Seria absurdo una apuesta sobre lo que hacemos con tal no tener algún conflicto con un ser cercano, familiar u amigo, solo por sus costumbres o su forma de pensar. Pero claro, como siempre, o la mayoría de las ocasiones, son ellos quienes suelen lanzar una lluvia de palabras y comentarios arrechos en contra de nuestras maneras de pensar.
El respeto podría ser una razón, por la cual callamos mas que ellos. Y es que, a mi parecer, la familia y en veces los amigos, que son quienes en más confiamos, son quienes nos vuelven así; inseguros.
¿Por qué hay que dejar ahí lo que pensamos?
Claro, uno puede tener la cordura suficiente para saber que decir. Y cuando.
Yo, puedo no estar de acuerdo en la forma de vivir, de actuar o de pensar de algún ser cercano. Pero se queda ahí dentro. Porque no debe importarme. Porque no es mi asunto. Porque no es mi vida.
Y es así como pido que me dejen vivir. No hay por qué no permitírmelo.
He tenido la fortuna de encontrar quienes me dejan ser, y me dejan liberar mis pensamientos.
Para ese lograrlo tuve que alejarme de muchas personas. Vivía en una ciudad, pequeña, pero me mude a un puerto cerca (a 3 horas). Donde hay una playa maravillosa y conocí a esas personas que eran las adecuadas en ese momento en mi vida.
Admiro a esas personas que pueden ser ellas mismas en cualquier lado y que no tienen versiones de si mismo en sus diferentes círculos de amistad.
Espero ser así. Creo que voy por ese camino.
