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  • Pestañas Mágicas

    Hoy vengo a contarles una anécdota que de pequeño me llenaba de ilusión; la de las PESTAÑAS MAGICAS.

    Durante mi niñez, mi madre y abuela, me contaban que, cuando una pestaña se desprendía de su lugar y corríamos con la fortuna de darnos cuenta, ya sea al mirarnos en el espejo o por que alguien nos decía que teníamos una pestaña reposando en nuestras mejillas; debíamos tomarla cuidadosamente para luego dejarla apretujada entro nuestro dedo pulgar y nuestro dedo índice.

    Por supuesto, no siempre se corría con la “suerte” de encontrarte con una pestaña, pero al encontrarte con una te sentías poderoso.

    Tenías un deseo.

    Claro que, al separar nuestros dedos pulgar e índice, la pestaña debía estar en nuestro dedo índice. Si no, el deseo no de cumplía.

    Era maravilloso, porque a pesar de mi corta edad, mis deseos no eran tan grandes ni superficiales. No quería pedir un deseo para poder ser invisible, o volar. Mis deseos eran que nunca me faltaran mis padres, que toda mi familia tuviera salud y no les pasara nada malo y si en ese momento había conflictos o problemas familiares de los que yo me enterara, pedía que estos se resolvieran.

    La mayoría de las veces tuve la fortuna de que esos “Deseos” se “volvieran realidad”.
    Pero después crecí y me di cuenta de que no todo es magia. Antes me hacía sentir muy bien, y ahora todavía un poco.

    Aun sigo pidiendo a deseos a esas pestañas. Y comienzo a agradecerme a mi “yo” del pasado porque siento que me enseña cosas aun en el presente.

    Los problemas no desaparecen así de la nada. Aunque existe es opción de escapar un poco de la realidad, pedir un deseo y ser feliz durante un breve instante.

    ¿Habías escuchado sobre las Pestañas Mágicas?

    Ojo; si pides un deseo con una pestaña que no es tuya, habrá consecuencias.

  • Encerrando lo que soy

    De vez en cuando, creo que hay echar un vistazo a través de la ventana y reflexionar sobre como estamos con nosotros mismos. Quizás a muchos no sucede, que despertamos y luego vivimos para los demás.

    Puede empezar desde lo que queremos hacer en nuestro día libre y hasta de la limitación de pensamiento u opciones que debemos reservarnos cuando estamos con alguien quien no es del todo abierto a que los demás tengan una opinión distinta a la de ellos.

    Seria absurdo una apuesta sobre lo que hacemos con tal no tener algún conflicto con un ser cercano, familiar u amigo, solo por sus costumbres o su forma de pensar. Pero claro, como siempre, o la mayoría de las ocasiones, son ellos quienes suelen lanzar una lluvia de palabras y comentarios arrechos en contra de nuestras maneras de pensar.

    El respeto podría ser una razón, por la cual callamos mas que ellos. Y es que, a mi parecer, la familia y en veces los amigos, que son quienes en más confiamos, son quienes nos vuelven así; inseguros.

    ¿Por qué hay que dejar ahí lo que pensamos?
    Claro, uno puede tener la cordura suficiente para saber que decir. Y cuando.

    Yo, puedo no estar de acuerdo en la forma de vivir, de actuar o de pensar de algún ser cercano. Pero se queda ahí dentro. Porque no debe importarme. Porque no es mi asunto. Porque no es mi vida.
    Y es así como pido que me dejen vivir. No hay por qué no permitírmelo.

    He tenido la fortuna de encontrar quienes me dejan ser, y me dejan liberar mis pensamientos.

    Para ese lograrlo tuve que alejarme de muchas personas. Vivía en una ciudad, pequeña, pero me mude a un puerto cerca (a 3 horas). Donde hay una playa maravillosa y conocí a esas personas que eran las adecuadas en ese momento en mi vida.
    Admiro a esas personas que pueden ser ellas mismas en cualquier lado y que no tienen versiones de si mismo en sus diferentes círculos de amistad.

    Espero ser así. Creo que voy por ese camino.

  • Asiduo

    Hasta hace poco descubrí esta palabra : Asiduo.

    Lo que se y entendí es que se refiere a las personas que acuden siempre al mismo lugar a hacer lo mismo todos los días.

    Por lo tanto, puse atención a unas personas asiduas que visitan mi trabajo, diario. Vienen por su café y algún postre y luego se marchan para venir a hacer lo mismo al otro día.

    Aunque no entiendo aún qué es lo que convierte en asiduo a las personas. Pero si que todos tenemos un poco de asiduos. Despertar, ir a trabajar, ir a con los amigos, leer, ir a casa, dormir. Pero un día puedo cambiar algo. Ir a la playa, luego a trabajar, luego dormir, luego leer.

    Pero hay «asiduos completos» (así les digo yo) que hacen exactamente lo mismo todos los días. No pueden cambiarlo o se tienen que esforzarse demasiado.

    Solo escribo esto por que ya tengo esta palabra en mi cabeza durante mucho tiempo y tenía que sacarlo.

    ¿Alguna palabra nueva que acaban de descubrir?

  • Tus ojos y las estrellas

    Si tan solo te dieras cuenta, del buen juego que hacen las estrellas, por la noche, con tus ojos.

    Que aunque no me gusta que mi ausencia no puedan verlos.

    Aquí dónde estoy, miro al cielo y surro por la noche tú nombre.

    Entonces las estrellas se encienden.

    Yo sonrío por que siento que estás aquí.

  • Falsos deseos

    Maldita farsa esa de pedir un deseo a las estrellas fugaces.

  • Tiempo para uno.

    En ocasiones, pienso que es importante desaparecer. No saber de nada, ni de nadie.

    Despejar la mente. No saber del trabajo, de los problemas en cualquier entorno.

    No saber de las redes sociales y la tecnología.

    Tener una paz mental. Recargar nuestro ser y seguir otra vez con la vida.

  • El Calcetín y Los Inmigrantes

    Fue de madrugada, a esa hora en que las estrellas briilan más y la luna da un tono azul agresivo al mar. Ahí estaba yo, sentado en la fría y tan agradable arena.

    Eran las tres de la mañana (madrugada). Yo venía de estar con mis amigos en un bar cerca de la playa y decidí quedarme ahí un momento y escuchar las olas, por supuesto, llenarme de un poco de tranquilidad.

    A esa hora hay personas sin techo que se van a playa y descansan de un largo día y de un fuerte y cruel sol que nos tocó tener en este bello puerto.

    Entre esas personas se encuentran Inmigrantes que vienen desde Honduras que pasan por México y su objetivo es llegar más allá, a la frontera, hasta llegar a Estados Unidos.

    Decidí quitarme algunas prendas y sentir como estaba el mar. Me atraía bastante mirarlo y no poder sumergirme en el en ese momento hubiera sido pecado.

    Entro al frío mar, me refresco, lo disfruto y al terminar vuelvo por mis cosas. Al cambiarme veo que falta un calcetín. Me pongo a buscarlo pensando que no podía estar muy lejos y que por supuesto el mar no se lo había llevado.

    Al pasar unos minutos se acercan algunas personas, inmigrantes. Me asusto. Pero sus palabras me regresaron a la tranquilidad.

    -¿Se te perdió algo? – Me dice uno de los cinco que eran.

    -Sí, mi calcetín – le respondo. Aún ebrio del bar del que salí y relajado por el baño de playa.

    En ese momento todos empezaron a buscar el calcetín por todo alrededor de donde estaba.

    Hasta que nos dimos por vencido. Querían ayudarme con dinero, entre todos, para que yo comprara otro par. Les dije que todo era necesario y me marché.

    Pero a pesar de ser una noche tan extraña, me quedó una experiencia que la volví de mis favoritas para contar. Me cambió por completo mi perspectiva sobre esas personas que huyen se su tierra para encontrar una mejor vida y de cómo juntos pudiéramos logran un gran cambio. Pero nos falta aún mucho por entender.

    Al amanecer, encontré mi calcetín en la bolsa de mi pantalón.

  • Es complicado decir: No

    A menudo, me cuesta mucho trabajo decir: ‘No’ a mis amigos y familiares más cercanos.

    Siempre que quieren ir a pasear, a un bar o al cine y me invitan, no puedo rechazar la propuesta ya que de alguna manera espero que en mi turno de querer hacer algo, ellos me respondan con un : ‘Si’. Pero no sucede mucho.

    Mi motivo por el cuál no puedo rechazarlos en sus invitaciones es, que me gusta estar siempre para ellos que cuándo puedo incluso aunque no tenga ganas de estar con ellos y prefiero hacer mis cosas o ir a mi casa y dormir.

    Se que debería de parar un poco, y estoy logrando tener una balanza equilibrada entre ‘Si y No’.

    ¿Han pasado algo similar?

  • Cosas de estar vivo.

    Hasta hace poco entendí que no se puede ir por la vida haciendo puras cosas que nos hacen felices. O al menos pretender que eso hacemos.

    Los días malos son parte de vivir.

    Las tragedias son parte de vivir.

    Sufrir es parte de vivir.

    Estar triste es parte de vivir.

    Era de alguna manera agobiante pasar por malos momentos y que los días buenos se miraban bastante lejos.

    ¿No creen?

    No hay que sentir vergüenza o pena que no nos va del todo bien, es solo una etapa, una escalera muy larga que aún no se acaba pero tiene su fin.

    ¿Qué es parte de la vida para ti?

  • Todos Poseídos

    Por alguna razón que desconozco y que de la cuál no se me dio alguna explicación. Yo estaba condenado a ir a la cárcel. Muchas personas me habían acusado como culpable de tal situación.
    Mi cabeza daba vueltas y mi cerebro trataba de localizar algún tipo de información o recuerdo del por que estaba yo en ese momento ante un juez, que iba ponerme una condena de tantos años que ni siquiera iba a estar vivo cuando esta se cumpliera.

    Aparece de pronto una persona, a la que no podía verle el rostro pero parecía ser mi defensor. Y dice:

    He encontrado un testigo. Pero tengo que llevarlos hacia el lugar que me ha indicado.

    Mágicamente aparecemos fuera de la casa de esa persona. (Lugar que es cerca de la casa de mis abuelos. Y cuando yo era un niño siempre sentía la inmensa curiosidad de descubrir como esa casa era por dentro. Y pude entrar, en sueños, pero lo logre al final, aunque…)

    Varias personas me acompañaban; Mi mamá, una tía, una prima, mi abogado sin cabeza, y el juez.
    Así que me apresuro a tocar la puerta y esperar a que alguien responda o abran. Aparece una mujer, que solo recuerdo que sonreía y era morena. Usaba una falta color amarillo que llegaba hasta sus sandalias color café, bastante desgastada como también lo era su falda y su suéter que parecía haber tenido un azul muy claro como el del cielo.

    -Pasen. – Dijo la señora que se dirigía por primera vez a nosotros.

    Por dentro no había mucha luz. Había una alfombra redonda en la sala y un solo sofá en que cabrían cuando máximo tres personas si estas fueran delgadas. También estaba un gran televisor muy viejo, y apagado.

    Señora, estamos aquí para que pueda ayudarnos con el caso y nos de su testimonio. – El juez sin cabeza comenzaba a caerme bien.
    Si, claro. Solo que para que eso suceda tenemos que hacer un ritual. Sentarnos en el suelo y tomarnos todos de la mano. Así es como él testigo aparecerá. – La ropa vieja y su expresión hacia que esta mujer pareciera muy loca.
    Para mi era una idea bastante inútil, sentía que perdía mi tiempo haciendo un ritual. Pero al final, todos ya sentados alrededor de la alfombra en la sala, habían logrado convencerme de unirme al ritual.

    La mujer, se pone al centro, nos pide a todos que nos tomemos de las manos y que esperemos.
    La televisión se enciende de la nada y nos pide que por favor no apartemos la vista de lo que aparezca ahí.

    Solo parecía que el televisor se volvía loco, se saltaba de canal en canal y de fondo era como si alguien hablara o tratara de decir algo. Ella seguía insistiendo que ya faltaba poco para que él verdadero testigo apareciera y que no apartamos la vista, pero yo sentía que algo me pasaba, que si seguía mirando iba a caer en una especie de hipnosis.
    Así que me levante y les dije a los demás que iría pero ellos ya no podían escucharme. Estaban poseídos.

    Trato de correr hasta la puerta pero la mujer me agarra del brazo.

    Estoy a punto de llegar. No puedes marcharte. – Estaba seguro que su mirada no era la misma a la mujer que nos abrió la puerta. Ademas de que eran completamente grises, casi negros. Y su voz ahora era la de un hombre. Y la fuerza con la que ahora me esta sosteniendo era mas y mas fuerte cada vez.

    Había una mesa y encima un cable grueso. Trato de tomarlo con mi otro brazo. Estuve a punto de no alcanzarlo cuando me percate de que todos los que me acompañaban ahora me miraban furiosos, y también con sus ojos negros. El miedo se apodero de mi y con mucha fuerza le di a la mujer en la mejilla hasta que me soltó. Su cara se empezaba a desfigurar, y los ojos se le volteaban. No paraba de gritar. Yo ya estaba por salir del lugar, cuando echo un vistazo una vez mas y todos se levantan y vienen por mi

    Al estar casi con pie fuera de ese lugar escucho a la mujer gritar

    -Te vas a arrepentir. ¡vas a desear no haber salido nunca!.
    Y despierto. Eran las 4 de la mañana y por mi ventana entraba una luz naranja. Me asomo, y por alguna razón de ese color eran las nubes que cubrían al cielo a esa hora. Podía notar también que el viento soplaba demasiado fuerte.

    Y veo a una mujer que estaba parada al lado del árbol que se encuentra fuera de mi casa.