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  • Todos Poseídos

    Por alguna razón que desconozco y que de la cuál no se me dio alguna explicación. Yo estaba condenado a ir a la cárcel. Muchas personas me habían acusado como culpable de tal situación.
    Mi cabeza daba vueltas y mi cerebro trataba de localizar algún tipo de información o recuerdo del por que estaba yo en ese momento ante un juez, que iba ponerme una condena de tantos años que ni siquiera iba a estar vivo cuando esta se cumpliera.

    Aparece de pronto una persona, a la que no podía verle el rostro pero parecía ser mi defensor. Y dice:

    He encontrado un testigo. Pero tengo que llevarlos hacia el lugar que me ha indicado.

    Mágicamente aparecemos fuera de la casa de esa persona. (Lugar que es cerca de la casa de mis abuelos. Y cuando yo era un niño siempre sentía la inmensa curiosidad de descubrir como esa casa era por dentro. Y pude entrar, en sueños, pero lo logre al final, aunque…)

    Varias personas me acompañaban; Mi mamá, una tía, una prima, mi abogado sin cabeza, y el juez.
    Así que me apresuro a tocar la puerta y esperar a que alguien responda o abran. Aparece una mujer, que solo recuerdo que sonreía y era morena. Usaba una falta color amarillo que llegaba hasta sus sandalias color café, bastante desgastada como también lo era su falda y su suéter que parecía haber tenido un azul muy claro como el del cielo.

    -Pasen. – Dijo la señora que se dirigía por primera vez a nosotros.

    Por dentro no había mucha luz. Había una alfombra redonda en la sala y un solo sofá en que cabrían cuando máximo tres personas si estas fueran delgadas. También estaba un gran televisor muy viejo, y apagado.

    Señora, estamos aquí para que pueda ayudarnos con el caso y nos de su testimonio. – El juez sin cabeza comenzaba a caerme bien.
    Si, claro. Solo que para que eso suceda tenemos que hacer un ritual. Sentarnos en el suelo y tomarnos todos de la mano. Así es como él testigo aparecerá. – La ropa vieja y su expresión hacia que esta mujer pareciera muy loca.
    Para mi era una idea bastante inútil, sentía que perdía mi tiempo haciendo un ritual. Pero al final, todos ya sentados alrededor de la alfombra en la sala, habían logrado convencerme de unirme al ritual.

    La mujer, se pone al centro, nos pide a todos que nos tomemos de las manos y que esperemos.
    La televisión se enciende de la nada y nos pide que por favor no apartemos la vista de lo que aparezca ahí.

    Solo parecía que el televisor se volvía loco, se saltaba de canal en canal y de fondo era como si alguien hablara o tratara de decir algo. Ella seguía insistiendo que ya faltaba poco para que él verdadero testigo apareciera y que no apartamos la vista, pero yo sentía que algo me pasaba, que si seguía mirando iba a caer en una especie de hipnosis.
    Así que me levante y les dije a los demás que iría pero ellos ya no podían escucharme. Estaban poseídos.

    Trato de correr hasta la puerta pero la mujer me agarra del brazo.

    Estoy a punto de llegar. No puedes marcharte. – Estaba seguro que su mirada no era la misma a la mujer que nos abrió la puerta. Ademas de que eran completamente grises, casi negros. Y su voz ahora era la de un hombre. Y la fuerza con la que ahora me esta sosteniendo era mas y mas fuerte cada vez.

    Había una mesa y encima un cable grueso. Trato de tomarlo con mi otro brazo. Estuve a punto de no alcanzarlo cuando me percate de que todos los que me acompañaban ahora me miraban furiosos, y también con sus ojos negros. El miedo se apodero de mi y con mucha fuerza le di a la mujer en la mejilla hasta que me soltó. Su cara se empezaba a desfigurar, y los ojos se le volteaban. No paraba de gritar. Yo ya estaba por salir del lugar, cuando echo un vistazo una vez mas y todos se levantan y vienen por mi

    Al estar casi con pie fuera de ese lugar escucho a la mujer gritar

    -Te vas a arrepentir. ¡vas a desear no haber salido nunca!.
    Y despierto. Eran las 4 de la mañana y por mi ventana entraba una luz naranja. Me asomo, y por alguna razón de ese color eran las nubes que cubrían al cielo a esa hora. Podía notar también que el viento soplaba demasiado fuerte.

    Y veo a una mujer que estaba parada al lado del árbol que se encuentra fuera de mi casa.

  • El Poder de las Palabras.

    En lo que a mi concierne, las palabras alcanzan un poder, el cual aún no descubro su total magnitud.

    Es tan fácil sacar una sonrisa con un par de palabras mágicas y tan fácil colocar una herida en nuestro interior con palabras que nos lastiman.

    Un golpe puede doler. Aunque la sensación del filo de una palabra que entra y nos hiere, puede durar mucho más en sanar.

    Un abrazo puede hacernos sentir muy queridos, pero aún así hay palabras que nos hacen dejar el piso y flotar de felicidad.

  • Feliz sin gente


    Me sucede regularmente cuándo entro a un lugar cerrado donde hay gente y todas sus voces mezcladas viajando por todo el lugar, mandan una extraña señal a mi cerebro que le ordena entrar en angustia y automáticamente toda la gente empieza a irritarme: si hablan fuerte, si se les ve muy felices, si caminan muy lento.
    ¿Les ha pasado algo similar?.

    Es frustrante.

  • Había una vez…

    «Había una vez, una persona, que era capaz de soñar lo que quisiera».

  • Un capítulo más

    Les ha pasado que leen un libro y se dicen – leeré un capítulo más y luego a dormir-, pero te hundes en ese mundo distinto que hay frente a tus ojos.

    Me sucede muy seguido estos últimos días que me he devorado ya varios libros. Hoy empecé y uno nuevo, del cuál sólo pretendía leer un capítulo. Pero después dije – un capítulo más – y me pasó el tiempo volando, cinco capítulos y cuarenta minutos.

    ¿Recomiendan un libro que me atrape?

  • Hay que vivir, vamos a morir.

    Hay que vivir, vamos a morir.

    Hay que vivir, vamos a morir.

    El morir, es un tema que ha estado pasando cada noche últimamente por mi cerebro.

    Quizás, he logrado conocerla o aceptarla de una manera distinta; algo natural.

    Si bien, obviamente lo es. Pero aceptarlo creo que es otra cosa.

    Morirme me da miedo. O que un ser querido muera también.

    Es tan extraño. Creo que estoy en un proceso de aceptación, en el que sin querer mi mente lo está tomando de otra manera. Y me agrada.

    Por supuesto que sufrí la pérdida de un ser querido. Pero ahora después de algunos años he pasado la hoja y llegado al fin de ese capítulo que ha durado bastante, para así llegar al siguiente. No sé cómo llamarlo.

    Aunque creo que debemos aprovechar al máximo nuestro tiempo, vivirlo cómo queremos. Sobre todo dedicarle el tiempo debido y que se merecen, nuestros seres queridos. Porque realmente la gente se va, muere, y no porque les llegue una enfermedad repentina, si no por otros motivos que nos está en nuestras manos controlar. Estamos expuestos a todo al momento de despertar por la mañana. Estamos expuestos a morir todos los días.

    Hay que decir lo que sentimos.

    Sobre todo, hay que vivir de verdad.