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  • El Día De Muertos

    Aquí en mi país, México, ‘El Día de Muertos’ es una tradición mexicana que se celebra desde muchos años atrás.

    A mi parecer, cada vez, más personas van conociendo está tradición y cultura que tenemos en nuestro país.

    Es una bonita manera de recordar a nuestros seres queridos que ya no están a nuestro lado. Por eso, por primera vez este año decidí hacer un ‘Altar de Muertos’

    En el cuál se colocan ofrendas que le gustaban a los difuntos.

    Hacerlo me llenó de tantos recuerdos. Cosas que no tenía tan presente. Cosas que quizás tenía años de no recordar.

    Lloré, me reí. De alguna forma mientras preparaba el altar, «platicaba» con ellos. Y se sentía que estaban ahí. Se creó una atmósfera y ambiente muy extraño pero acojedor.

    Algunos de ellos partieron hace mucho y otros hace muy poco. Entonces creo que esta celebración a la muerte es algo muy bonito. Una creencia y una tradición muy poderosa

    Yo no soy creyente de religiones

    Pero, creo que todos nosotros o la mayoría de nosotros, guardamos un sentimiento de esperanza, que creemos o queremos volver a estar aunque sea por un momento con ese ser que perdimos. Entonces, el 2 de noviembre, los difuntos van a donde está el altar. Ahí hay algo de mágica o como quieran llamarlo, y no lo digo por sus fotos, las ofrendas, pero realmente se siente algo de ellos. Como si estuviesen ahí.

  • Huye

    -Huye

    Me dice alguien que aparece de la nada y me sujeta de los hombros. Miro alrededor y todo está vacío.

    No hay personas, ni autos. Todo es desértico. Yo tengo que huir, escapar, pero estoy lejos de casa. No hay tampoco taxis ni autobuses. Se siente el peligro. No hay un ningún sonido. Hay mucho viento pero no emite sonido alguno.

    Camino más y más. No se si estoy huyendo o no. A lo lejos veo un autobús que se detiene, me subo.

    Él conductor, con su cara de angustia me apresura a subir.

    Había tres pasajeros más con rostros perplejos, con ojos apagados y con la mirada perdida.

    Por el trayecto, se pueden ver lugares en llamas. Ahora si hay personas, corriendo desesperadas. También hay coches cubiertos de fuego y explotando. Pero todo sin sonido.

    Se sentía tan real. El ambiente, la sensación, los colores, el miedo.

    Tenía que huir.

    Llego a casa y me encuentro preparando una maleta. Espero a mi madre y a mi hermano, que no se a dónde se habrán ido, pero al final llegan.

    Alguien viene por nosotros, mis abuelos, para huir en su coche.

    Vamos por carretera. Voy observando el cielo, luce rojo y no hay sonido aún. Mi abuelo para en seco, nos detemos. Volteo a ver a todos y tienen su rostro quebrado, la mirada fija en algo que los dejó así, intento mirar que es lo que ven, y despierto.

  • Algunas Mentiras

    No creo que esté mal y tampoco que esté bien el decir mentiras.
    Claro, todos odiamos que nos mientan, pero ¿hemos mentido?. Yo si, aclarando que, sin el fin de herir a alguien.

    Están esas mentiras que decimos para hacer sentir bien a los demás. Decir que si les luce de maravilla esa ropa nueva que compraron y nos preguntan que tal les queda.
    O fingir que nos gusta el nuevo corte de algún colega aunque creamos que se mira espantoso. O cuándo cantamos una canción que no nos gusta solo por quedar bien con alguien que nos gusta.

    Están las mentiras exageradas. Cuándo algúien te dice que corrió diez kilómetros pero en realidad fueron ocho. Que te comiste tres platos de comida, pero sólo fueron dos. En veces nos gusta poner números de más a nuestros logros, cuándo presumimos ante los demás.

    Hay mentiras que nunca pasaron. Alguna historia que quizás te inventaste por que no tenías tema de conversación con alguna compañía. Aquella cosa misteriosa que sólo tú has visto
    E incluso sólo las dices por decir.

    He salido con mis amigos y durante toda la noche les he contado puras mentiras, sobre cualquier tema, al final, les digo que todo fue mentira. Admito que son divertidas las cosas que se me han ocurrido inventar y mantener la mentira hasta el final.

    Las mentiras se olvidan. Al menos que tú mismo te las creas, ahí permaneceran.

    Y están las mentiras que duelen, que hieren y lastiman. Esas no me gustan. No he sido capaz de contar alguna mentira para perjudicar a alguien ni creo hacerlo.
    Decir que amas a una persona mientras te vez a escondidas con otra. Hablar mal de alguien cuando no está y después actuar como si fuera tú amigo, eso es una mentira. Y muy cruel.

    Pienso que las mentiras hay que usarlas para bien. Pará reír, no para burlarse.

  • Esperando amor.

    ¿No es acaso más complicado ir por ahí buscándo el amor, a esperar que solo llegue?

    Un día llegará. Y así como llega se podrá ir o lo podrás dejar marchar.

  • ¿Recuerdas? A la orilla del mar.

    Recuerdas?
    Nos tomamos de las manos.
    De pies junto a la arena.
    Tus cabellos paseando por toda tu cara.
    Una ola que se desvanecía a la orilla del mar.
    ¿Recuerdas?
    No podíamos mover nuestros ojos.
    Ni oír el canto de la sirena.
    Tus cabellos aún jugaban con tu cara.
    Me daba cuenta, que te empezaba a amar.
    ¿Recuerdas?
    Nos besamos.
    El aire golpeaba fuerte.
    Fuerte como mi corazón latía.
    Me daba miedo que fuera a despertar.

  • Tus ojos y las estrellas

    Si tan solo te dieras cuenta, del buen juego que hacen las estrellas, por la noche, con tus ojos.

    Que aunque no me gusta que mi ausencia no puedan verlos.

    Aquí dónde estoy, miro al cielo y surro por la noche tú nombre.

    Entonces las estrellas se encienden.

    Yo sonrío por que siento que estás aquí.

  • Falsos deseos

    Maldita farsa esa de pedir un deseo a las estrellas fugaces.

  • El Calcetín y Los Inmigrantes

    Fue de madrugada, a esa hora en que las estrellas briilan más y la luna da un tono azul agresivo al mar. Ahí estaba yo, sentado en la fría y tan agradable arena.

    Eran las tres de la mañana (madrugada). Yo venía de estar con mis amigos en un bar cerca de la playa y decidí quedarme ahí un momento y escuchar las olas, por supuesto, llenarme de un poco de tranquilidad.

    A esa hora hay personas sin techo que se van a playa y descansan de un largo día y de un fuerte y cruel sol que nos tocó tener en este bello puerto.

    Entre esas personas se encuentran Inmigrantes que vienen desde Honduras que pasan por México y su objetivo es llegar más allá, a la frontera, hasta llegar a Estados Unidos.

    Decidí quitarme algunas prendas y sentir como estaba el mar. Me atraía bastante mirarlo y no poder sumergirme en el en ese momento hubiera sido pecado.

    Entro al frío mar, me refresco, lo disfruto y al terminar vuelvo por mis cosas. Al cambiarme veo que falta un calcetín. Me pongo a buscarlo pensando que no podía estar muy lejos y que por supuesto el mar no se lo había llevado.

    Al pasar unos minutos se acercan algunas personas, inmigrantes. Me asusto. Pero sus palabras me regresaron a la tranquilidad.

    -¿Se te perdió algo? – Me dice uno de los cinco que eran.

    -Sí, mi calcetín – le respondo. Aún ebrio del bar del que salí y relajado por el baño de playa.

    En ese momento todos empezaron a buscar el calcetín por todo alrededor de donde estaba.

    Hasta que nos dimos por vencido. Querían ayudarme con dinero, entre todos, para que yo comprara otro par. Les dije que todo era necesario y me marché.

    Pero a pesar de ser una noche tan extraña, me quedó una experiencia que la volví de mis favoritas para contar. Me cambió por completo mi perspectiva sobre esas personas que huyen se su tierra para encontrar una mejor vida y de cómo juntos pudiéramos logran un gran cambio. Pero nos falta aún mucho por entender.

    Al amanecer, encontré mi calcetín en la bolsa de mi pantalón.

  • Es complicado decir: No

    A menudo, me cuesta mucho trabajo decir: ‘No’ a mis amigos y familiares más cercanos.

    Siempre que quieren ir a pasear, a un bar o al cine y me invitan, no puedo rechazar la propuesta ya que de alguna manera espero que en mi turno de querer hacer algo, ellos me respondan con un : ‘Si’. Pero no sucede mucho.

    Mi motivo por el cuál no puedo rechazarlos en sus invitaciones es, que me gusta estar siempre para ellos que cuándo puedo incluso aunque no tenga ganas de estar con ellos y prefiero hacer mis cosas o ir a mi casa y dormir.

    Se que debería de parar un poco, y estoy logrando tener una balanza equilibrada entre ‘Si y No’.

    ¿Han pasado algo similar?

  • Cosas de estar vivo.

    Hasta hace poco entendí que no se puede ir por la vida haciendo puras cosas que nos hacen felices. O al menos pretender que eso hacemos.

    Los días malos son parte de vivir.

    Las tragedias son parte de vivir.

    Sufrir es parte de vivir.

    Estar triste es parte de vivir.

    Era de alguna manera agobiante pasar por malos momentos y que los días buenos se miraban bastante lejos.

    ¿No creen?

    No hay que sentir vergüenza o pena que no nos va del todo bien, es solo una etapa, una escalera muy larga que aún no se acaba pero tiene su fin.

    ¿Qué es parte de la vida para ti?